jueves, diciembre 09, 2004

EVA

Pude haber vendido mi alma al diablo, pude subirme a su caballo rojo y aprender a escupir sapos por la boca, pude ponerle precio a una sonrisa, vestirme de minifalda, con zapatillas de tacón de aguja, y verme muy bien para impresionar a un tlaxcalteca pervertido que en alguna ocasión llego pacheco a darme clases de semiótica y terminó diciendo que según él se había acostado con 200 mujeres en su vida y que el condón de limón sabia rico.

Pude, cambiar la tranquilidad de mi conciencia, la fecha del asesinato era el pasado martes... y decidí no hacerlo, preferí una vida libre, preferí dejar que me sacaran de la burocracia, y ese día como regalo, conocí a Eva.

Eva es una mujer de 75 años con la vida y la paz brotándole por cada poro de su cuerpo, hablamos de Chiapas, del subcomandante Marcos, de los gobiernos de mierda, pero sobre todo de la felicidad, en su casa tiene prohibido entrar cualquier ser vivo que lleve la tristeza, ha decir verdad, yo no debí haber entrado a su casa ese día, pues yo iba bastante contaminada pero ella me purificó, limpió de mi cuerpo cualquier rastro de tristeza, viví y viaje con ella.

No podíamos hablar con su perro porque días atrás le había arrancado la cabeza a una gallina, y la enterró con las patas al aire, se le castigó una semana y en venganza el perro le arrancó la cabeza a un guajolote y lo volvió a enterrar con las patas al aire.

Me contó la historia de un hombre que se robó una ola, y de las travesías que tuvo que pasar para meterla por la aduana; de cuando la luna estaba tan cerca de la tierra que podías subirte en una escalera y llegar a ella; de cómo su hijo era tan gordo que ella no lo podía ni ver, me mostró el rostro de Marcos en una paloma de la paz, y como las pinturas de gente muerta hace mucho tiempo te habla para decirte que no se quieren ir de tu lado.

Eva, me enseñó a no pensar nuevamente en dejar matar mi alma, a soñar despierta, a nunca subirme al caballo rojo ni escupir sapos por la boca.

Eva, definitivamente es la primer mujer del mundo, la única que te permite regresar a tu esencia ella huele a tierra mojada, y sus manos son tan suaves como la brisa que te regresa la paz perdida, aunque sea por un par de segundos, que valen mas que una eternidad.

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