jueves, enero 20, 2005

Las Otras Putas

- Este mundo es una mierda; y yo no estoy lista para tragármela sin asquearme hasta vomitar.
- Así fue como me cortaron las alas hace años.


Están apunto de cortarme las alas una vez mas el pueblito amarillo que conocí y que me gustó hace unos meses se está convirtiendo en amarillo chorrillo, y todo huele a podredumbre, me va a quedar pequeño dentro de poco, me dijo alguien ayer, no estoy segura de eso, lo único que se es que a mi no pueden obligar a tragarme tanta mierda sin hacerle gestos.

Las putas están a la orden del día, pero no putas como nosotras que vendemos de vez en cuando alguna buena idea por algunos pesos, son putas de traje y saco negro, con corbata y la mayoría de ellas usan anteojos para verse más ejecutivas.

La habitación del Ché en la torre de marfil, perdió sus fotos y su encanto, ya no queda ningún recuerdo de lo que ahí dentro se soñaba, ahí dentro me dejaron volar y creer, me dejaron pensar y crear, ¡y me pagaban por eso! Dicen las urracas que se esconden en los rincones, que la puta que va vivir en esa oficina es una que se viste con solapas que simulan piel de leopardo, con microscópicas faldas verde limón auch. Además bastante por decirlo de algún modo autóctona. Si es así dentro de poco veré a los estudiantes con uniformes leopardo púrpura, o bien diseñados por la familia peluche para estar a la moda y muy chick. El estereotipo es fácil de reconocer, un automóvil sedan nuevo con camisetas por cubre asientos (mientras más cochinas mejor) por tapetes unas cosas brillosas en color púrpura, e infinidad de figurillas de cerámica en el tablero del carro. Por supuesto, no podía faltar el saltillo multicolor cubriendo el asiento trasero.

Esa habitación, ya no tendrá al Ché, no tendrá vuelos ni sueños, los estudiantes dejaran de creer y volverán a una rutina mecánica y dolorosa prendiéndole velas a Santa Elba Ester Gordillo y al mártir Carlos Salinas y Manuel Bartlet.

El mundo es una mierda, y yo no estoy dispuesta a tragármela.

lunes, enero 03, 2005

NO TAN MALO

Tengo trece años viviendo en este pueblito, realmente la mitad de mi vida, el mismo tiempo que había buscado algo que valiera la pena en este lugar, algo que me ayudara a lidiar con la tristeza, Tlaxcala es un pueblo triste, apto para retirarse después de una vida ajetreada.

Es sin duda el paraíso de los viejos, todo es viejo en este lugar, lleno de nostalgia, hoy, vi por primera vez en trece años, la belleza en esa nostalgia, en esa muerte que refleja y destella Tlaxcala, las hojas de los árboles caían por montones danzando en la nada al compás del viento de la tarde, los rayos del sol al atardecer se filtraban entre las ramas y dibujaban colores nunca antes vistos los andadores de la plazuela se vistieron de amarillo con una alfombra melodiosa, mientras el frío golpeaba el rostro de una pareja que a lo lejos se besaba y abrazaba, dando un poco de calor a la fría escena.

Me habían hablado mucho de la belleza del Tlaxcala amarillo, lo creí un mito, una leyenda semiurbana, este día, no se si por la cercanía de la libertad que se asoma, pude verlo por fin, a decir verdad, me regresó la paz por un instante, elegí una hoja y viaje con ella hasta llegar al suelo, el canto del agua de las fuente era un bello compás que daba el ritmo de las hojas al caer.

El lugar, es bello para los fantasmas, sobre todos a los que viven en mi mente, hay que traerlos a vacacionar de vez en cuando para que salgan de su oscuridad y del baúl de los recuerdos, vale la pena voltear hacia la nada, vale la pena encontrar la belleza de la tristeza, la soledad, el abandono y la nostalgia, tal y como se conjugan en las tardes invernales de este pequeño pueblo perdido entre las grandes ciudades.